Archivo de la categoría: Reflexión teológica, espiritualidad
Artículos sobre espiritualidad y asuntos de la vida y la fe
Resignificar la Pascua
Decir “Pascua”, es decir “Liberación”.
Su origen tiene que ver precisamente con Moisés, cuando saca al pueblo de Israel que estaba esclavizado en Egipto, potencia mundial de ese tiempo, para llevarlo a través del desierto a la tierra prometida.
Tomado la misma idea en el Nuevo Testamento, la Pascua es la liberación que Jesús hace de la humanidad esclavizada, al morir en la cruz y de ese modo pagar con su vida, lo que los seres humanos debíamos pagar, lo cual nos hizo libres para elegir una vida con nuevos y trascendentes valores. La Pascua entonces, resume la obra que Jesús vino a realizar a favor de toda la humanidad.
La muerte y resurrección de Cristo constituyen el fundamento de la fe de los cristianos. En estos trascendentales actos se concreta la redención, entiéndase rescate del ser humano, quien a través de la muerte de Cristo es reconciliado con Dios, y la resurrección, que nos otorga esperanza segura de la vida eterna.
Resignificar la vida tiene que ver con la pascua, ya que es un tiempo de volver a darle significado a nuestra existencia, a partir de un acto liberador, que nos ubica en la sociedad en una nueva dirección, con acciones nuevas y proyecciones que antes no teníamos. Este acto liberador nos da perspectiva de eternidad, sin la cual la vida es insípida e intrascendente, ya que la vida de un ser humano vale por lo que encierra su futuro.
Cuando perdemos el rumbo y dejamos de soñar, cuando nos volvemos practicantes de ciertos rituales y vivimos una vida superficial, es entonces tiempo de volver a Cristo y de reencontrarnos con nosotros mismos. Es tiempo de redescubrir el verdadero significado de la vida, a través de Jesucristo, y advertir que nuestro objetivo final es más que disfrutar de la vida y alcanzar determinados logros; sino consagrarnos por entero a amar a Dios y a nuestro prójimo, viviendo una vida libre de mezquindades, y entendiendo que el servicio a los demás es aquello que da sentido a la vida, buscando siempre reconciliar a las personas con Dios y entre sí mismas, siendo continuos constructores de esperanza.
Celebremos juntos la noticia más luminosa de la esperanza, que es la resurrección de Cristo, nuestro Salvador.
¡Felices Pascuas!
Dr. Nicolás Marulla, Buenos Aires, 25 de marzo de 2016
Navidad es Reconciliación
La navidad que tiene variados significados, es también un mensaje de reconciliación.
“Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres! (Lucas 2:13-14).
La navidad es reconciliación con Dios. El término “religión” del latín “religare”, significa “volver a ligar” al hombre con Dios. La navidad es Jesús reconciliando al hombre con Dios y trayendo paz. La palabra “paz” en hebreo, tiene una connotación positiva, no es ausencia de la guerra y de conflicto, sino presencia de la justicia. En palabras del profeta Isaías: “Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre” (Isaías 32:17), y San Pablo, nos dice “Justificados, pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1).
La navidad es reconciliación con uno mismo. Solo cuando estamos en paz con Dios, podemos alcanzar paz con nosotros mismos. La navidad nos ofrece la oportunidad de resolver nuestro pasado mediante la “buena voluntad de Dios para con los hombres”, entiéndase “gracia”, y vivir un presente de paz con una saludable proyección al futuro.
La navidad es reconciliación con nuestra familia. La navidad nos da un mensaje de valores que hacen a la unidad de la familia. Los niños que tienen la posibilidad de experimentar la navidad, crecen asumiendo que la familia es el ámbito donde se unen para celebrar los momentos importantes de la vida.
La navidad es reconciliación con los demás: el individualismo como parte de la cultura pos-moderna, le hace mucho daño a la sociedad que quiere desarrollarse e integrarse.
Pero Navidad es encuentro con Dios que nos lleva a la oración, y así experimentar un cambio que llamamos conversión; lo cual finalmente nos empuja a compartir con los demás en una construcción social para la cual fuimos creados.
El pesebre de Jesús es pequeño. Un niño puede entrar caminando, pero los adultos deberemos “agacharnos”, es decir, tendremos que quebrar nuestro orgullo y autosuficiencia, para entonces a partir de ese quiebre, percibir a nuestro prójimo, con quien compartir el pan, la esperanza, el amor y la vida.
Nicolás Marulla, Buenos Aires, 23 de diciembre 2015
(Publicada en http://www.iglesiadediosargentina.org)