Una sola verdad…
Una sola verdad fue suficientemente poderosa como para liberarme.
Ella emergió de en medio de un sinfín de palabras, se abrió camino en la mente confusa y vencida, en medio del descorazonado y perturbador momento.
Venció todos los obstáculos férreos que resultan de la derrota, fortaleció el cansancio de los brazos caídos, dio vida a la temblorosa oración y al endeble pensamiento…
Traspasó las barreras del formato en que recibí la enseñanza…
Se hizo revelación al instante para renovarlo todo…
Derramó toda su riqueza y alcance sanador en el corazón quebrado, secó los ojos humedecidos e hizo que las palabras tímidas e inseguras se cambiaran en esperanza.
Esa verdad dejó de ser estática para convertirse en dinámica, pertinente, real, práctica, vital y oportuna…
Cuando siempre pensé que se aplicaba a un tiempo puntual y circunspecto del pasado, ahora se hizo presente y constante…
La palabra que emergió de las muchas y gloriosas sentencias, adquirió por si misma una dimensión impensada, me ayudó, me libró, no dejó alternativas hacia atrás… aumentó mi fe y me dio paz.
Nicolás Marulla
Asunción, 23 de julio de 2010
Publicado el 18 abril, 2017 en Marcas de lo cotidiano. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.
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