¡Nunca más!
Calles llenas de misterio y de sombras,
El pánico se adueña sin pedir permiso y las casas vulnerables entregan sus sueños e ilusiones y se rinden ante el atropello vil y salvaje de quienes nacieron para ser humanos y se convirtieron en bestias…
El poder corrompe todo el sistema y los ideales de paz y libertad se manchan con sangre y se sumergen en aguas turbias perdiéndose en caminos de desolación…
Ella no volverá a ver al hombre pequeño que le prometió un hogar y un país…
Aquel llora a su padre que no regresa, mientras las horas avanzan y la soledad viene para quedarse…
Aquel otro mientras traspasa barreras de dolor y oscuridad, se esfuerza por delinear el rostro de sus hijos que no volverá a ver…
Gritos que nadie oye, silencios que todos oyen…
Ráfagas de miedo y temblor ante el ruido fatídico de un dos punto tres que hace ronda hasta encontrar a su presa.
Todo es terror y violencia, no hay argumentos que valgan, ni derechos ni razones…
Se mezcla con sangre y con lágrimas y se hunde en el fango sucio de la impunidad el ideal de un país mejor…
Desaparecen miles y no solo agonizan las madres, las abuelas y los hogares hacen duelo, sino que la nación queda acéfala.
Hoy puedo llorar y escribir, porque un par de meses antes del golpe siniestro, entré en un templo y encontré otra libertad, una suprema, y sin buscarlo quedé atrapado en la fe, con otra militancia, reconstruyendo el rompecabezas de una historia que jamás debíamos haber vivido y que hoy nos impulsa a decir… ¡Nunca más!
Nicolás Marulla
Buenos Aires, 24 de marzo de 2006 (A 30 años del golpe del 76)
Publicado el 23 marzo, 2016 en Marcas de lo cotidiano. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.
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