Cuando Dios…
No esperes que se descorra el cielo para creer…
Que se vaya la tarde para soñar… y que tu alma no perciba el silencio.
Silencio no es otra cosa que una pausa de Dios mientras te está hablando…
Tal vez un suspiro para no llorar, tal vez un susurro de quebranto, de amor…
Cuando te incomode su presencia, será solo para ubicarte otra vez en la senda,
Para que entiendas que los sueños que se fueron, solo permanecen ocultos…
Y que vivir también es buscar, descubrir y encontrar.
Las huellas que vas dejando a tu paso tienen memoria…
Y la trama urdida antes del ayer, se teje en los caminos del mañana.
Cuando te intimide su voz, será solo para que percibas el tono de la obediencia,
Para que entiendas que las bendiciones de la vida se abren con esa llave,
Y que las puertas que se cerraron, necesitaron que el tiempo las deshinchara…
Cuando te nuble la luz de sus ojos, será solo para que despiertes…
Y veas que tu entorno está vivo y que hay mucho por agradecer.
Para que reacciones a tiempo y en tu letargo no se pierda la esencia de lo que vendrá,
Para que encuentres el camino, desandando temores y señalando ilusiones.
Cuando te duela su ausencia, será solo para agigantar tu fe…
Y para que te atrevas a dar el siguiente salto sin temor a caer…
Sabiendo que su ausencia es solamente sensación,
Ya que no existe tal cosa como la ausencia de Dios.
Nicolás Marulla, Buenos Aires, 19 de enero 2016
Publicado el 21 enero, 2016 en Marcas de lo cotidiano. Añade a favoritos el enlace permanente. 4 comentarios.
Muy bueno, y profundo!
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Gracias Lean! Me alegra saber que te gustó el escrito…
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Muy bueno, lo comparto,bendiciones
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Gracias Alicia, aprecio mucho tu comentario.
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