Navidad es Reconciliación

La navidad que tiene variados significados, es también un mensaje de reconciliación.

“Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres! (Lucas 2:13-14).

La navidad es reconciliación con Dios. El término “religión” del latín “religare”, significa “volver a ligar” al hombre con Dios. La navidad es Jesús reconciliando al hombre con Dios y trayendo paz. La palabra “paz” en hebreo, tiene una connotación positiva, no es ausencia de la guerra y de conflicto, sino presencia de la justicia. En palabras del profeta Isaías: “Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre” (Isaías 32:17), y San Pablo, nos dice “Justificados, pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1).

La navidad es reconciliación con uno mismo. Solo cuando estamos en paz con Dios, podemos alcanzar paz con nosotros mismos. La navidad nos ofrece la oportunidad de resolver nuestro pasado mediante la “buena voluntad de Dios para con los hombres”, entiéndase “gracia”, y vivir un presente de paz con una saludable proyección al futuro.

La navidad es reconciliación con nuestra familia. La navidad nos da un mensaje de valores que hacen a la unidad de la familia. Los niños que tienen la posibilidad de experimentar la navidad, crecen asumiendo que la familia es el ámbito donde se unen para celebrar los momentos importantes de la vida.

La navidad es reconciliación con los demás: el individualismo como parte de la cultura pos-moderna, le hace mucho daño a la sociedad que quiere desarrollarse e integrarse.

Pero Navidad es encuentro con Dios que nos lleva a la oración, y así experimentar un cambio que llamamos conversión; lo cual finalmente nos empuja a compartir con los demás en una construcción social para la cual fuimos creados.

El pesebre de Jesús es pequeño.  Un niño puede entrar caminando, pero los adultos deberemos “agacharnos”, es decir, tendremos que quebrar nuestro orgullo y autosuficiencia, para entonces a partir de ese quiebre, percibir a nuestro prójimo, con quien compartir el pan, la esperanza, el amor y la vida.

 Nicolás Marulla, Buenos Aires, 23 de diciembre 2015

(Publicada en http://www.iglesiadediosargentina.org)

 

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Acerca de nicolasmarulla

Hola, Soy Nicolás Marulla, nací en Buenos Aires, estoy casado con Sonnia y somos padres de dos hijos y abuelos de una hermosa nieta. Ahora mismo estoy trabajando a lo largo y ancho de mi país, promoviendo líderes y dando conferencias, a la vez estoy escribiendo algunas obras. Soy doctor en teología, estoy totalmente identificado con Jesús y procuro ser una influencia positiva y de esperanza en la vida de las personas. Autor del libro “Por los caminos de la misión” Contacto: marullanicolas@gmail.com

Publicado el 27 diciembre, 2015 en Reflexión teológica, espiritualidad. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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