Septiembre…
Como gotas de lluvia los sueños de abril encallaron en septiembre y encendieron la esperanza. Los que adornaron cuidadosamente los espejos de la vida, agitando el espíritu y revoloteando en el alma.
Sueños que se nutrieron de avisos y confirmaciones, de afectuosas demostraciones y salutaciones amables.
Como gotas de lluvias silenciosas, sin provocar estridencias ni desequilibrios, sin llamar la atención de quienes observan de manera distraída… sin generar al menos un giro, un freno, un salto, un gemido…
Pasó abril y se incorporó nuevamente el alba con una frescura inusual, con un presagio esta vez diferente, esta vez elocuente, sin quiebres, disipando la espesura de la niebla casi resistente…
Haciendo caer una a una las hojas resecas de las horas inciertas, presurosas de olvido o ausentes de recuerdos.
Pasó abril y otro y otro y llegó otra vez septiembre infinito…
De esplendor y poesía, de cánticos festivos, de amapolas, de fresas y frutillas. Con el ímpetu de correr para descorrer, de llegar para comenzar y luchar, prevalecer; con la vocación de amar y así poder desandar el desencanto, la desilusión, para desarmar la estrategia de oprimir, y volver por sobre todo y a pesar de todo, al intento de soñar…
Buenos Aires, 24 de enero 2012
Nicolás Marulla
Publicado el 21 septiembre, 2015 en Marcas de lo cotidiano. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.
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